Seguramente ha sido el sitio más exótico, e inaudito donde he tocado. Fue allá por el año 1993, o comienzos del 94, cuando Danza Invisible se convertía en el primer grupo de rock occidental en tocar en Jordania. Fuerte, ¿no? Pues resulta que por aquel entonces el director del Instituto Cervantes en esa zona de Oriente Medio había sido compañero de estudios de Antonio L. Gil, uno de nuestros guitarristas, y aprovechando el relativo aperturismo de la monarquía del otro Hussein (el que no “dejaron [...]
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