Es el soniquete que suele acompañarme cada mañana, en boca de un pequeño robot de juguete con el que mi hijo Pablo desarrolla sus instintos killers. Y mira por donde, me viene que ni pintado para encarar mi artículo de esta semana.
Soy yo hombre de convicciones profundas, a veces un tanto vehemente en mis manifestaciones, al que gusta opinar sobre las cosas, y con un sentido de la justicia o del mérito muy desarrollado. Pero, ay, toda esta coraza personal e intelectual se desmorona como un [...]
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